Mentir, sin embargo, en cualquiera de las formas en que se haga, es solo un atajo hacia la ilusi√≥n de cambiar la realidad, u ocultarla, no de transformarla. En pol√≠tica, tal cosa es un desprop√≥sito que lidia siempre afanosamente contra las percepciones de la realidad de los ciudadanos y se traduce con demasiada frecuencia en la p√©rdida de la credibilidad p√ļblica. No es la mentira, aunque algunos lo crean, un recurso renovable, mucho menos cuando es capitalizada, como ha venido ocurriendo, por una persona, o una asociaci√≥n pol√≠tica.

El sistema cubano est√° dise√Īado de tal modo que expresar la opini√≥n de los ciudadanos sobre el prestigio y credibilidad de pol√≠ticos y funcionarios ‚ÄĒo la posibilidad de criticarles, emplazarles o enjuiciarlos directamente‚ÄĒ es una pr√°ctica desactivada o expuesta a medidas punitivas y no incide ‚ÄĒsino en casos extraordinarios‚ÄĒ en la selecci√≥n o renovaci√≥n de aquellos. Dicho dise√Īo, llegados a un punto, empieza a funcionar como un acumulado negativo y una deriva para el funcionamiento y la legitimidad del propio sistema. Ese punto ha sido ya traspasado.

No ocurre tal cosa sin que se da√Īe la gobernabilidad de un pa√≠s. La calidad de la comunicaci√≥n y la confianza pol√≠tica de los ciudadanos en sus gobernantes y en la gesti√≥n del conjunto institucional que conforma un sistema pol√≠tico, no es ciertamente un indicador de la capacidad de los ciudadanos para hacer valoraciones y comprender la realidad, pero es el primer criterio a tener en cuenta para el diagn√≥stico de una sociedad que experimenta una crisis pol√≠tica y conocer su envergadura.

Toda crisis pol√≠tica contiene en su origen una fractura de la credibilidad entre interlocutores, pero cuando se expande a la sociedad ‚ÄĒsus clases y grupos sociales‚ÄĒ,  entonces se vuelve una muy seria y dif√≠cil interpelaci√≥n a todas las certezas que la hacen funcionar como una comunidad de destino, o de interlocuci√≥n.

Aunque tenga que practicarse la libertad (2)

Esa fragilidad de las certezas sociales y pol√≠ticas se expresar√° en Cuba, en el corto y mediano plazo, en la aceleraci√≥n e intensidad de din√°micas diversas y al mismo tiempo interconectadas, como: el absentismo en los procesos pol√≠ticos institucionalizados y su deficiente calidad, la desnacionalizaci√≥n de los proyectos de vida y profesionales, las migraciones reactivas, la fuga de capitales, tambi√©n en la inhibici√≥n de la inversi√≥n ‚ÄĒnacional o extranjera‚ÄĒ y el incremento de la corrupci√≥n.

La inseguridad e incertidumbre sobre el futuro que experimentan los individuos en esa situación impactará en los ya alarmantes índices de natalidad, suicidio y violencia doméstica y de género; en la degradación del cuidado de individuos vulnerables al interior de las familias y las instituciones; en el aumento del alcoholismo y la infelicidad; en el debilitamiento de la solidaridad y en la emergencia de la impiedad y la intolerancia social.

Este es un cuadro que se complejiza exponencialmente y se vuelve perverso al interior de la crisis económica y pandémica que embate hoy directamente contra la población y la capacidad de funcionamiento de las instituciones; sobre todo por su potencial para hacer retroceder el grado de civilización alcanzado por la sociedad cubana.

Si la desintegraci√≥n social es siempre un patr√≥n que acompa√Īa el retroceso civilizatorio experimentado por una sociedad, su decadencia ‚ÄĒla de sus valores e ideas, su puesta en pr√°ctica y estructuras‚ÄĒ es un proceso diferente pero que produce inexorablemente su propia cultura y formas de hacer pol√≠tica. La pol√≠tica ‚ÄĒy los pol√≠ticos‚ÄĒ de la decadencia son siempre parad√≥jicos, es una contradicci√≥n que se afirma y se niega a s√≠ misma. 

Antes, pero sobre todo despu√©s de la Constituci√≥n de 2019apunt√© desde este mismo medio la existencia ‚ÄĒy peligrosidad‚ÄĒ de una situaci√≥n de anomia que en Cuba describ√≠a la contradicci√≥n entre las metas culturalmente leg√≠timas de los ciudadanos y los medios institucionales para lograrlas.

Recuerdo que en el √ļltimo a√Īo que impart√≠ la asignatura Sociolog√≠a de la Democracia en la Universidad de Oriente, expliqu√© a mis estudiantes la secuencia que desde algunas perspectivas te√≥ricas pod√≠a seguir la anom√≠a, esto es: innovaci√≥n, ritualismo, retraimiento y rebeli√≥n.

Lejos estaba de suponer que la situación de anomia que originaba la disfuncionalidad de muchas de nuestras instituciones en aquel entonces para dar curso y propiciar las demandas del proceso de cambio social y político en curso en el país desde antes del proceso constituyente, sería relanzada o agravada por la postergación y en la práctica desactivación de la Constitución y el Estado de Derecho que ella proponía.

Las marchas que ocurrieron en el verano de 2021 han sido interpretadas hasta ahora de muchas maneras. La mayor√≠a de los an√°lisis realizados intentaron constre√Īirlas a un acontecimiento que, aunque extraordinario, tuvo una duraci√≥n muy limitada. Sin embargo, lo ocurrido ‚ÄĒy sus causas‚ÄĒ  son parte de procesos que contin√ļan emergiendo de lo social a lo pol√≠tico, de lo privado a lo p√ļblico, y se expresan a trav√©s de un disenso pol√≠tico muy complejo y din√°mico que no puede ser medido exactamente por la cantidad de personas en las calles, ni por sus comportamientos, ideas expresadas o aparente facilidad con que fueron contenidas y reprimidas.

La posibilidad que ello ocurriera, e incluso su capacidad de traducirse en protestas p√ļblicas, no era algo desconocido para el actual gobierno.

El impacto y costo en t√©rminos de empobrecimiento y estratificaci√≥n social instant√°nea de la poblaci√≥n que implicaba la reforma econ√≥mica iniciada en el 2020, no solo estaba prevista como consecuencia inmediata por sus planificadores y decisores, sino perfectamente asumida despu√©s de m√°s de una d√©cada de sistem√°tica reducci√≥n de las inversiones y gastos p√ļblicos como un riesgo de gobernabilidad a enfrentar.

Por otra parte, los debates y propuestas realizadas en consulta popular, en particular las expectativas creadas entre la ciudadanía por la provisión de derechos y libertades que había hecho el texto constitucional de 2019, fueron lo suficientemente contradictorios e inquietantes para las élites del aparato gubernamental y político cubano como para que ignorasen que esta vez el disenso iba a expresarse a través de ejercicios de derechos constitucionales.

De hecho, la secuencia de sucesos previos a las masivas protestas ‚ÄĒm√°s all√° de ser subestimados y simplificados por muchos desde sesgos y paradigmas de an√°lisis disfuncionales‚ÄĒ, indicaba con intensidad que el proceso de formaci√≥n, apropiaci√≥n y despliegue de la identidad ciudadana, como identidad pol√≠tica de los cubanos a partir de pr√°cticas individuales y colectivas auto determinadas y auto organizadas, no hab√≠a hecho m√°s que expandirse y alcanzar importancia.

Tales pr√°cticas fueron auto referenciales y sirvieron para inducir y canalizar en muchos de los individuos involucrados ‚ÄĒy en otros que las conocieron‚ÄĒ  cambios en su autoestima pol√≠tica, expectativas e ideales de justicia y concepciones de lo que debe ser el buen gobierno; as√≠ como para aportar experiencias de participaci√≥n que eran ensayos de discusi√≥n, negociaci√≥n y acuerdo en un contexto de pluralidad y diferencia de intereses.

Todo parece indicar también, pese a las escuetas y endebles explicaciones oficiales, que los repetidos intentos de muchos ciudadanos desde la aprobación de la Constitución de 2019 para usar derechos como el de Queja y Petición, o acceder a la vía judicial para proteger derechos y libertades ante violaciones de funcionarios y el Estado, aunque infructuosos, jugaron un papel importante en que el desarrollo legislativo de estos fuera retardado.

En paralelo, el Gobierno empezar√≠a una carrera contra el tiempo con la emisi√≥n de otras normas que le permitieran blindarse ante este desaf√≠o, al tiempo que devaluaba, y de hecho enajenaba, en la cultura y pr√°cticas de las instituciones p√ļblicas, tambi√©n desde los medios de comunicaci√≥n, los valores, principios y contenidos de la nueva Constituci√≥n cubana que estaban siendo apropiados por los ciudadanos.

Quiz√°s la clave para entender algunos de estos procesos y el momento actual de crisis pol√≠tica, o sea, la contradicci√≥n que plantea el bloqueo de los medios institucionales y de los recursos que proporcionan, entre otros, los derechos y libertades constitucionales para alcanzar las metas leg√≠timas de los ciudadanos, pueda estar ‚ÄĒsobre todo si se tiene en cuenta la actual fluidez y acortamiento temporal de la sucesi√≥n de las etapas de anomia‚ÄĒ en qu√© hacer con los disensos.

No es posible, por lo menos para m√≠, explicar en pocas l√≠neas c√≥mo fue que el gobierno cubano acab√≥ optando, ante el aumento de la conflictividad pol√≠tica, por hacer uso de sus extendidas facultades discrecionales para ir contra el Derecho vigente, o para interferir en su aplicaci√≥n, como demuestran ‚ÄĒpor solo poner dos ejemplos anteriores a las manifestaciones‚ÄĒ los casos de Karla P√©rez y Luis Robles. La primera, impedida de entrar a su pa√≠s despu√©s de ser privada cuatro a√Īos antes del derecho a la educaci√≥n; el segundo, procesado y condenado por escribir y alzar en solitario un cartel con demandas de tipo pol√≠tico en una locaci√≥n habanera.

Las reacciones que generaron estos hechos, el primero de ellos en el plano internacional, y en el caso de Robles el hecho de que fuera protegido de la polic√≠a por la poblaci√≥n, debieron servir como advertencia. Si actos de este tipo, o responsabilizarse gubernamentalmente con ellos, tuvieron un costo internacional cada vez m√°s sensible, in√©ditamente, el gobierno estaba siendo conminado a someterse al Estado de Derecho por una parte de la poblaci√≥n.    

Subestimar la existencia de disensos, su complejidad y diferentes tipos, fundiéndolos en un todo homogéneo; así como seguir ignorando que el grado de legitimidad y funcionabilidad de cualquier sistema político, su eficiencia misma, se mide precisamente por la manera en que logra encauzarlos con el fin de producir los consensos necesarios para el funcionamiento de una sociedad; es ya un gatillo de rebelión en Cuba.

Aunque tenga que practicarse la libertad (3)

En definitiva, más que la conservación del poder de un grupo, o tendencia política, es esa y no otra, la finalidad y función práctica de todo sistema político como condición de la civilización, el orden y estabilidad en una sociedad.

Ning√ļn sistema pol√≠tico ha sobrevivido nunca a la erosi√≥n o p√©rdida a escala social de tres consensos fundamentales: 1) sobre sus reglas de funcionamiento, 2) sobre los medios instrumentales para lograr dentro de √©l los objetivos pol√≠ticos de los ciudadanos, y 3) sobre la eficacia, coherencia y credibilidad de sus mecanismos de representaci√≥n pol√≠tica. Tampoco a su incapacidad para transformarse y hacerse inclusivo.

Los consensos pol√≠ticos pueden ser alcanzados, incluso re-articulados y conservados durante mucho tiempo a partir de la existencia y socializaci√≥n de marcos normativos que definan la validez, factibilidad, deseabilidad y l√≠mites de los objetivos pol√≠ticos de cada ciudadano en una sociedad. Pero nunca, o por lo menos no definitivamente, a trav√©s de la inducci√≥n a polarizaci√≥n pol√≠tica de la poblaci√≥n, de la incoherencia y contradicci√≥n que supone el abuso de poder, el silencio administrativo y la arbitrariedad selectiva por parte de funcionarios e instituciones p√ļblicas. Y menos desde la violaci√≥n y desconocimiento de los derechos y libertades reconocidas, o del intento de privatizarlos y monopolizarlos pol√≠ticamente.

La negaci√≥n de que los ciudadanos intenten cambiar las cuestiones que afectan su vida cotidiana ‚ÄĒesto es: lograr alcanzar sus metas y aspiraciones, porque existen legalmente, han sido creadas, son aceptadas, accesibles y funcionales las condiciones y medios pol√≠ticos, sociales y jur√≠dicos para conseguirlos‚ÄĒ; entra√Īa adem√°s una consecuencia que es tambi√©n una responsabilidad. Se proporciona con ello un medio id√≥neo para que se vuelvan opacos y confusos tanto los actores como los objetivos pol√≠ticos, econ√≥micos y sociales que pueden resultar indeseables y peligrosos para el conjunto de valores, intereses y aspiraciones en una sociedad.

Las √©lites pol√≠ticas y gubernamentales defienden sus privilegios de funci√≥n, sus lujos y predominio pol√≠tico exclusivo mediante complejas relaciones endog√°micas, mientras obran en silencio para, llegado el momento, funcionar a plena capacidad y abiertamente como √©lites econ√≥micas. Pero no se puede desconocer tampoco que, entre las reivindicaciones de derechos y libertades, entre afanes de justicia y democracia postergada, bracea igualmente en Cuba ‚ÄĒaunque haga todo por invisibilizarse‚ÄĒ una derecha que irascible y venal, hija espuria de la arbitrariedad y el despotismo, devota de la cultura de cancelaci√≥n pol√≠tica, intenta capitalizar el momento para su sue√Īo de revancha en el poder.

Aunque distinta, no es menor la responsabilidad de aquellos místicos del sectarismo y del poder desde sus periferias, que, en santuarios institucionales o académicos, ofrecen coartadas e intentan hacer creer que existe un dilema para los ciudadanos en Cuba en relación al ejercicio de los derechos y libertades constitucionales. Ellos intentan convencer de que la reivindicación del Estado de Derecho es una elección entre el Gobierno y el Derecho.

No se trata de ser profetas del desastre. Nos esperan tiempos difíciles. Pero es imposible creer que la concesión de derechos económicos y civiles, o su instrumentación práctica, podrá impedir, retardar o hacerse a costa del ejercicio de los derechos políticos que resultan necesarios para la democratización de la sociedad cubana.

Ese proceso est√° contenido, se quiera o no, en el ADN mismo de las nociones de Rep√ļblica y de Estado de Derecho, y en el cat√°logo de libertades y garant√≠as que establece ahora la Constituci√≥n. Y es ya esta contradicci√≥n, entre lo que somos y lo que podemos ser como sociedad pol√≠tica, el nudo gordiano que hay que cortar de una vez.

Nos queda el desafío enorme de construir y hacer entre todos y para ello los aprendizajes de una cultura democrática. Pero de algo se puede estar seguro, los derechos serán practicados, aunque tenga que practicarse la libertad.

                                                                      ***

Este art√≠culo es un ejercicio de los derechos y libertades que consagra la Constituci√≥n de la Rep√ļblica de Cuba.

REN√Č FIDEL GONZ√ĀLEZ GARC√ćA

Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor de Derecho. Ensayista